El Daño Cerebral Adquirido (DCA) se define como una lesión producida de forma súbita en las estructuras cerebrales. Por lo tanto, no es una discapacidad de nacimiento ni degenerativa, aunque comparta perfiles de necesidad y de atención en las personas afectadas.
El origen más común de estas lesiones son, los accidentes cerebro-vasculares (ACV), los traumatismos craneoencefálicos (TCE), los tumores cerebrales, las encefalitis y las lesiones por anoxia cerebral severa y prolongada (parada cardíaca, etc.). Más de 300.000 personas viven en la actualidad en España con una discapacidad debida a DCA: 200.000 como consecuencia de un ictus, 50.000 por un traumatismo craneoencefálico y otras 50.000 por otras causas (tumores, anoxia…). Según datos de 2008, los afectados por DCA en España ya son 500.000 personas.
El Accidente Cerebrovascular (ACV) o ictus ocurre cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe repentinamente por la presencia de un coágulo o cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, derramando sangre en los espacios que rodean a las células cerebrales.
De la misma forma que se dice que una persona que sufre una pérdida de flujo sanguíneo al corazón tiene un ataque cardiaco, puede decirse que una persona con una pérdida de flujo sanguíneo al cerebro o una hemorragia repentina en el cerebro tiene un ataque cerebral o sufre un accidente cerebrovascular o ictus.
El accidente cerebrovascular según su etiología se suele clasificar en:
Los Traumatismos Craneoencefálicos (TCE), son lesiones producidas por una fuerza externa que suele acarrear una pérdida de conciencia. En estos casos, el cerebro puede ser dañado directamente por un objeto penetrante que atraviesa el cráneo, como al recibir un disparo de bala (lesión abierta), o por un golpe tan violento que haga que el cerebro choque con las paredes internas del cráneo (lesión cerrada).
El Daño Cerebral Adquirido provoca generalmente, en primer lugar, un cambio repentino del estado de consciencia, cuya gravedad y duración son variables (desde una confusión mínima en tiempo y en contenido hasta un estado de coma profundo o coma vegetativo persistente en los casos más graves). Además produce la alteración de las funciones cerebrales de la persona provocando en ella déficits a nivel físico, cognitivo, emocional y social.
Dentro de las secuelas podemos encontrar la parálisis en una mitad del cuerpo (hemiplejia, hemiparesia), incapacidad para hablar y comprender lo que se le dice (afasia), dificultad para tragar alimentos (disfagia), problemas de atención, concentración, memoria, trastornos de aprendizaje, resolución de problemas, falta de control en el movimiento, falta de equilibrio, inestabilidad afectiva, irritabilidad, agresividad, desinhibición...
La gravedad de estas secuelas depende de la gravedad de la lesión, de la parte afectada en el cerebro y su extensión, la edad del afectado y las características propias de este (conocimientos, capacidad física anterior...). No todas las personas presentan todas las secuelas y en la misma intensidad, como tampoco la recuperación de las capacidades funcionales es la misma. Pero, si hay algo que comparten es que en todos se produce una merma de su autonomía personal y el menoscabo de su calidad de vida.
Actualmente, el Daño Cerebral Adquirido está en continuo aumento. El elevado número de personas afectadas (en torno a 500.000 en España), la duración, la gravedad y la variedad de las secuelas, y su repercusión en la calidad de vida de las personas afectadas y sus familias, convierten a esta lesión en un problema social de primera magnitud.
Los datos sobre la prevalencia actual se han expuesto arriba. Sin embargo en España no se han realizado estudios fiables y concretos sobre la incidencia del mismo. No obstante, podemos extrapolar datos de otros estudios para obtener alguna cifra indicativa.
De este modo se obtuvieron los siguientes datos a partir de una publicación del Instituto Nacional de Estadística en España del año 2002.
A partir de los datos obtenidos de las personas valoradas en los Centros Base de la Comunidad de Castilla y León en el año 2006 establecemos la siguiente clasificación:

De la observación de la tabla anterior podemos concluir que:
El 68% de las personas que sufren Daño Cerebral Adquirido y ya están en la tercera fase de su lesión, en la fase social, en la fase familiar (han superado la fase aguda sin fallecer, han pasado la fase subaguda de neuro-rehabilitación intensa durante varios meses y han sido dados de alta de ella como portadores de “secuelas”) presentan limitaciones para realizar las actividades básicas de la vida diaria y un 45% de ellos presenta estas limitaciones de forma severa o total. Un gigantesco problema social para sus familias, debido a las secuelas físicas, cognitivas, conductuales, sensoriales y sociales que esa persona presentará para siempre.
Cuando el afectado vuelve a su domicilio tras la lesión, “fase social”, los familiares se encuentran con el problema de no saber cómo actuar frente a la nueva situación. El entorno de la familia no está preparado para proceder al cuidado y orientación del afectado, produciéndose, en muchos casos, situaciones angustiosas tanto de las familias como de los propios discapacitados que valoran su dependencia como un nuevo obstáculo en su recuperación.
Uno de los recursos que los afectados por DCA necesitan en esta “fase social” son los Centros de Día. Son centros que se encargan de su atención y cuidado durante el día y además sirvan para ofrecer un descanso a sus cuidadores principales. Solo hay 500 plazas en España frente a una demanda de 20.000. Hay muy pocos, ninguno público en Castilla y León, y los privados son muy caros.
Parece evidente, pues, la necesidad de que la Administración Pública se responsabilice de las personas que han llegado con su DCA a esta fase social y colabore en ella para intentar la reinserción laboral de los mismos. “Los seres humanos quieren sentirse útiles entre los que les rodean, en medio de los que viven, y eso exige un esfuerzo por parte de todos”.
Las “familias con DCA” ya están poniendo su empeño en la solución de este gigantesco problema. Se han agrupado en Asociaciones de DCA, pero necesitan de la colaboración de la Administración Pública para poder desarrollar sus programas. En todas ellas es necesario un espacio físico y ayuda para financiar su actividad. Para ayudarse mutuamente nació en 1995 la Federación Española de Daño Cerebral Adquirido (FEDACE), que integra actualmente a 28 asociaciones.